Testimonios

Soy Cristina Jácome a los 18 años de haber sido una nadadora de alto nivel para la selección del Ecuador, un amigo me propuso volver a nadar para participar en una competencia Master de natación en el Quito Tennis & Golf Club. Este pedido era debido a que tres de mis amigos (ex nadadores) necesitaban una mujer de 35-39 años para completar la posta mixta en la competencia.

WhatsApp Image 2018-11-01 at 08.39.21La adrenalina comenzó a moverse en todo mi cuerpo y dije que sí precipitadamente. Horas más tarde comencé a darme cuenta de que ese “sí” podría ser una locura. De pronto, imágenes de los años de preparación comenzaron a venir a mi mente. Los intensos entrenamientos de dos horas en la mañana y cuatro horas en la tarde, las competencias en el extranjero representando a mi país, la presión para mejorar los tiempos… todo fue parte de una época de gran sacrificio, pero de muchas satisfacciones al mismo tiempo.

El entrenamiento mental y el esfuerzo físico se vieron reflejados en los resultados. Siete records nacionales individuales y muchas medallas nacionales e internacionales hicieron que me gane una beca para ir al exterior con todos los estudios pagados.

Después de soñar sobre el pasado, regresé al presente y mi respiración se paró, ¿cómo voy a competir si no he entrenado en años? ¿Seguiré teniendo mi técnica, mi fuerza? ¿Tendré la habilidad para competir como lo hacía antes? Cómo lo iba a hacer, no lo sabía.

Con dos semanas de entrenamiento y un año y medio después de dar luz, me lancé a la competencia Master y el resultado: 5 medallas, cuatro de oro y una de bronce. No podía estar más feliz. Mi tía, al escuchar el resultado me preguntó si el haber competido a los años no me podía afectar al corazón o a otro órgano, por el impacto de hacer un gran esfuerzo sin mucho entrenamiento.

Al reflexionar sobre la pregunta de mi tía, me di cuenta que siempre me he sentido en buena forma física. El comer saludablemente y cuidar de mi cuerpo han sido costumbres adquiridas por el deporte desde muy temprano. Pero eso no era suficiente. Ahí fue cuando me di cuenta que el factor constante en los últimos años de mi vida ha sido el yoga.

Desde pequeña siempre vi a mi mamá practicando esta disciplina y muchas de las poses (que ahora sé que son del yoga) eran rutina en mis entrenamientos diarios de natación. Después de graduarme de la universidad en Estados Unidos, y una vez que dejé la natación, decidí probar una clase de yoga y me encantó. Desde ahí hasta cuando regresé a vivir en el Ecuador lo seguí practicando. Cuando me quedé esperando a mi hija, extrañé el yoga, pero con la aprobación del médico, lo volví a practicar desde los tres meses hasta los nueve meses de embarazo. Después de dar a luz, también lo practiqué en la clase de Madres y Bebés de Namasté en Cumbayá.

Sin duda alguna el yoga ha mantenido mi flexibilidad, ha fortalecido mis músculos y con seguridad ha contribuido para mi salud emocional y mental. Aunque no lo he practicado tan frecuentemente como yo quisiera, nunca lo he dejado de hacer.

Estoy agradecida desde el fondo de mi alma por haber encontrado esta forma de vida con esta práctica tan completa. Me di cuenta que encontré al yoga más tarde en mi vida, aunque potencialmente siempre estuvo ahí. Ahora lo sigo haciendo ya que me doy cuenta que es un factor clave para mantenerme bien y especialmente en caso de que se me ocurra competir otra vez.

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Soy Daniela Mena “yo nací con un problema llamado hemiparesia, que afecta todo el lado derecho de mi cuerpo. Con este problema, tengo ciertas diferencias entre mi lado izquierdo y el derecho.

562735_10151960776310085_1696901080_nEs mi lado izquierdo con el que más fuerza tengo, soy zurda y si algo quiero que coja la derecha, voluntariamente lo tomo con la izquierda y le paso a la derecha, ya que no he desarrollado la motricidad fina en esa mano.

Por esta situación es que tengo algunos dolores con los que he tenido que vivir diariamente, como el dolor de espalda por la escoliosis y problemas con la cadera  porque mi forma de caminar es un chance “patoja”, porque mi lado izquierdo lleva el control de todo el cuerpo. El derecho es solo un apoyo que no tiene mucho movimiento, es tieso y hace poco me descubrieron facitis plantal en mi pie izquierdo y me dijeron que es porque el lado izquierdo ya comenzó a quejarse por siempre tener que llevar el peso y el control del cuerpo.

Desde que me descubrieron eso en el pié, cada vez tengo más dolores de espalda y de cadera y más fuertes de lo normal por lo que mi mamá me trajo a NAMASTE.

Al momento, estoy recibiendo clases aquí desde el 15 de julio del año 2016 para ver si el hacer YOGA me pudiera ayudar en algo.

El hacer YOGA me ha enseñado a sentarme correctamente, a estirarme  y a que el lado derecho tenga más fuerza.

Yo NO era una persona muy creyente en este tipo de sensaciones, pero reconozco que mis dolores han ido desapareciendo, tengo una mejor postura, mayor fuerza y confianza en el lado derecho. Antes, mi cuerpo era como una piedra, súper tenso y duro; desde que comencé a hacer YOGA, me siento más suave y menos pesada.

Es como que me hubieran quitado esa piedra de encima y, sin dolores, me siento con mejor ánimo. También, me ha enseñado a relajarme con los pensamientos y he aprendido como evitar estresarme.

Agradezco mucho a VERO OQUENDO, por su dedicación y sus consejos, ya que el mundo del YOGA ha sido una mezcla de medicina natural, cuyo objetivo es solo llegar a conocerte a ti mismo y creer más en ti. Ella me guía con las terapias que debo seguir, como hacerme chequear por un médico naturista y un masajista acupunturista que gracias a sus tratamientos y atenciones yo me he sentido mejor cada vez”.

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Hace más de un año que asisto a clases de yoga en Namasté y todos los días agradezco a mi hija que me lo recomendó.
2017-03-27-PHOTO-00001980Después de varios años de practicar yoga en Venezuela, al mudarme a Ecuador sufrí una depresión que afectó todas mis articulaciones. Por varios meses no pude realizar ningún tipo de actividad física. Al mejorarme comencé a asistir al yoga terapéutico que da mi querida profe Vero Cruz.

Mi experiencia ha sido maravillosa, me he recuperado totalmente , asisto a dos clases semanales que disfruto mucho porque en Namasté me siento en casa. Mi profe es como una madrecita que nos brinda mucho amor y dedicación.

Tengo 74 años, y el yoga es lo mejor que me ha pasado.  Maria Elena D´Anunzio Kreamer